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Las 6 C del coleccionismo de arte según Francisco Jaramillo
El coleccionismo de arte contemporáneo es mucho más que comprar obras bonitas para decorar una pared. Detrás de cada adquisición hay decisiones emocionales, intelectuales y estratégicas. El coleccionista ecuatoriano Francisco “Pancho” Jaramillo ha sintetizado ese proceso en un mapa claro y práctico: las 6 C del coleccionismo.
A través de estas seis etapas —Concepto, Composición, Construcción, Contemplación, Compra y Colección— es posible comprender cómo una obra pasa de ser una simple imagen vista en una sala de exposición a convertirse en parte esencial de un conjunto coherente y personal: la colección.
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Ir al Mapa del Coleccionista¿Quién es Francisco “Pancho” Jaramillo?
Francisco “Pancho” Jaramillo (Guayaquil, Ecuador, 1962) es un reconocido coleccionista de arte contemporáneo que ha desarrollado su vida entre América y Europa. Su trayectoria profesional se inició en el mundo corporativo internacional, especialmente en el ámbito del marketing, pero desde la década de 1990 su gran pasión se volcó hacia el coleccionismo de arte.
Mientras ejercía como vicepresidente de marketing en una entidad financiera en Quito, impulsó la creación de una colección institucional, apoyando exposiciones y catálogos locales. Paralelamente, comenzó a construir su propia colección privada, inicialmente centrada en el neoexpresionismo latinoamericano de los años 90, muy ligado a la realidad social y política de la región.
Con su posterior traslado a España, su mirada se volvió más amplia y global. Jaramillo adoptó un enfoque cada vez más metódico y racional a la hora de adquirir obras, estructurando su colección con una visión a largo plazo. De esa experiencia nace la formulación de las 6 C del coleccionismo, una guía que resume el recorrido que realiza una obra desde la mente del artista hasta el corazón del coleccionista.
Las 6 C del coleccionismo: del flechazo a la colección
La experiencia del coleccionista frente a una obra puede entenderse como un viaje en seis etapas consecutivas. Para que una pieza conquiste al espectador y llegue a formar parte de su colección, estas seis dimensiones deben coexistir de forma coherente:
- Concepto
- Composición
- Construcción
- Contemplación
- Compra
- Colección
A continuación, se desarrolla cada una de ellas.
1. Concepto: la idea que sostiene la obra
El concepto es el corazón intelectual y emocional de la obra. Se refiere a las ideas, temas y preocupaciones que el artista trabaja: identidad, memoria, política, crítica social, espiritualidad, cuerpo, territorio, entre muchas otras posibilidades.
Un concepto sólido:
- Aporta profundidad y sentido a la pieza.
- Conecta la obra con una búsqueda personal y constante del artista.
- Sirve de base para el discurso que luego interesará a coleccionistas, curadores y críticos.
En otras palabras, el concepto responde a la pregunta:
¿Qué quiere decir el artista con esta obra y por qué es importante?
Sin un concepto claro, la obra corre el riesgo de ser solo un ejercicio estético agradable, pero vacío. Cuando el concepto está bien articulado, se convierte en la columna vertebral sobre la que se construye todo lo demás.
2. Composición: el lenguaje visual del mensaje
La composición es la manera en que el artista traduce el concepto al plano visual. Implica el orden y la relación de los elementos que aparecen en la obra, así como el estilo elegido.
En esta etapa intervienen factores como:
- La elección del lenguaje plástico: abstracto, figurativo, minimalista, expresionista, conceptual, etc.
- El uso de color, forma, línea, luz, ritmo y textura.
- Las referencias, citas e influencias artísticas que el autor incorpora.
- La manera en que el artista guía la mirada del espectador a través de la imagen.
Una buena composición hace que la obra resulte coherente con su concepto, refuerza el impacto emocional e intelectual de la pieza y permite que el estilo personal del artista se manifieste con claridad, dando a la obra un sello distintivo.
3. Construcción: técnica, materiales y proceso
La construcción responde a la pregunta: ¿cómo está hecha la obra? Se refiere a la ejecución técnica y al proceso mediante el cual el artista materializa su idea.
Incluye aspectos como:
- La planificación de la pieza y, en su caso, los bocetos preparatorios.
- La selección de materiales: óleo, acrílico, tinta, fotografía, vídeo, soportes no convencionales, objetos encontrados, etc.
- La destreza técnica y el dominio del medio.
- La calidad de los acabados: pinceladas, textura, montaje, conservación, presentación.
Una construcción cuidada puede elevar de manera notable el impacto de la obra. La maestría técnica combinada con la originalidad en el uso de los materiales es un indicio de excelencia artística. Es en esta fase donde concepto, composición y técnica se funden para dar lugar a la obra que finalmente verá el público.
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Ir al Mapa del Coleccionista4. Contemplación: el flechazo entre obra y coleccionista
La contemplación es el momento del encuentro: el instante en que el coleccionista se sitúa frente a la obra por primera vez. En esos primeros segundos suele producirse una reacción visceral, casi instintiva: la obra enamora o no enamora.
Este flechazo estético es comparable al amor a primera vista. Para que suceda, los tres puntos previos (concepto, composición y construcción) deben estar alineados y en armonía, produciendo una impresión unificada y poderosa.
Si la obra tiene:
- Un concepto profundo,
- Una composición impactante, y
- Una ejecución técnica impecable,
es más probable que despierte esa emoción intensa que hace latir el corazón del coleccionista. Como decía el coleccionista Alan Faena, “la emoción es lo único que cuenta. Ante una obra el corazón tiene que palpitar, como sucede con el amor a primera vista”.
Esta emoción genuina es el motor que impulsa a seguir adelante en el proceso. Si no hay conexión emocional, lo más sensato suele ser dejar pasar la pieza, por muy racionalmente interesante que parezca.
5. Compra: de la emoción a la decisión informada
Cuando la obra ha conquistado al coleccionista en la contemplación, llega el momento de la compra. Esta etapa combina pasión y análisis.
No se trata solo de abrir la billetera, sino de:
- Dialogar con el artista o la galería.
- Negociar condiciones y precio.
- Investigar con seriedad al artista y la obra.
Un coleccionista responsable acostumbra a:
- Revisar la trayectoria del artista: exposiciones, premios, críticas recibidas.
- Entender el lugar de la obra dentro de su producción: ¿es una pieza clave, un experimento, una obra temprana, una serie relevante?
- Verificar la procedencia y autenticidad de la pieza.
- Valorar si la obra encaja en su colección actual y en su visión de futuro.
Un error frecuente es dejarse llevar solo por la atracción visual sin investigar más. La clave está en equilibrar la emoción inicial con una diligencia razonada. Si todo encaja —la obra conmueve, el artista tiene solidez y el precio es coherente—, el coleccionista se decide a comprar, a veces incluso adquiriendo varias piezas del mismo autor.
6. Colección: construir una ciudad de obras
Tras la compra, la obra deja de estar aislada y pasa a formar parte de un ecosistema: la colección del coleccionista. Puede imaginarse como una especie de ciudad artística personal, donde cada obra es un edificio con su propia historia y su propio carácter.
En esta etapa:
- La nueva pieza dialoga con las obras ya existentes.
- Puede reforzar una temática que se venía explorando.
- Puede aportar diversidad estilística o abrir una nueva línea de investigación visual.
- Contribuye a construir una narrativa personal, una especie de autorretrato del coleccionista a través de las obras que elige.
Una colección de arte es, en el fondo, un reflejo de la identidad, gustos, valores y experiencias de vida de quien la construye. Al integrarse en ese conjunto, la obra adquiere un contexto más amplio y profundiza su significado, formando parte de un legado cultural que trasciende el tiempo del propio coleccionista.
Conclusión: por qué las 6 C importan hoy
Las 6 C del coleccionismo según Francisco Jaramillo ofrecen una hoja de ruta clara para cualquiera que desee construir una colección de arte sólida, coherente y con sentido.
- El Concepto da profundidad.
- La Composición organiza el lenguaje visual.
- La Construcción garantiza calidad técnica.
- La Contemplación conecta con la emoción.
- La Compra equilibra pasión y análisis.
- La Colección convierte cada obra en parte de una historia mayor.
Entender estas seis etapas ayuda al coleccionista a tomar mejores decisiones, disfrutar más del proceso y, sobre todo, construir una colección que no solo tenga valor económico, sino también valor cultural, simbólico y afectivo.
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